miércoles, 22 de abril de 2009

EDITORIAL

Muchas veces se dice que la historia es la revisión sistemática del pasado para aprender del mismo para no repetir los errores. Aquí y ahora parece que la ya conocida necedad argenta intenta evitar aprender del pasado y seguir repitiendo los errores, total importa sólo el ahora, sin proyectos ni visión de futuro, y el resto debe rendir pleitesía a quienes están en el poder. Esta situación recuerda a aquélla del rey de Sajonia, cuando exigió a sus nobles y súbditos la adhesión incondicional a la fe del Vaticano… en vez de someterse, los germanos ofrecieron su cabeza al acero y afirmaron su apoyo a la fe de Lutero. Alemania adoptó entonces la modalidad del cristianismo llamada protestante.
Siguieron los reyes desoyendo el clamor popular y cayeron las monarquías. Ahora nos regimos por un sistema representativo. Es decir: ése que ocupa un puestito (ya sea intendente, gobernador o presidente) debería ser nuestro representante; no hacer su voluntad ciegamente, debería oír lo que el pueblo dice. Sin embargo… vemos día a día gobernantes ciegos y sordos que no ven y no quieren oír. Y si por ahí alguno tiene la osadía y la desfachatez de señalar algún error o de opinar diferente… en vez de conciliar o intentar ver que se puede estar equivocados NO. Se ataca y se acusa de golpista o de desestabilizador y se prefiere siempre oír la aduladora voz de los chupamedias de siempre.
Cuenta la historia que al presidente Irigoyen durante su segunda presidencia le imprimían un diario especial para que no viera la realidad y no sepa del descontento social. Así terminó su mandato… pero aclaremos que de eso pasó un siglo y que don Hipólito era ya anciano.
Hoy con la revolución en las comunicaciones eso ya no puede pasar y nuestros gobernantes no son ancianitos. Es sólo el placer de ser adulados y la necedad de no querer ver. Sería bueno que en vez de ofenderse, a quien le toque… abra los ojos.
Miguel Ángel Costantino
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